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Verano y dificultades de aprendizaje: qué hacer y qué evitar

15 jul
3 min de lectura

Por Valeria Suárez Prioriello – Psicopedagoga en Hortaleza, Madrid


Cuando termina el curso, muchas familias sienten la necesidad de "recuperar el tiempo perdido". Si un niño ha tenido dificultades durante el año, es habitual preguntarse si conviene seguir practicando todos los días o aprovechar las vacaciones para descansar.

La respuesta no suele estar en un extremo ni en el otro.

El verano ofrece una oportunidad diferente: bajar el ritmo sin dejar de favorecer el aprendizaje. Descansar también forma parte del desarrollo y, en muchos casos, es justamente lo que permite empezar septiembre con más energía y motivación.

Además, aprender no significa únicamente hacer cuadernos o repasar contenidos escolares. Muchas experiencias cotidianas propias del verano —como cocinar, jugar en familia, leer por placer o planificar una excursión— también ayudan a desarrollar habilidades fundamentales para el aprendizaje.


¿Es necesario seguir trabajando durante el verano?

No todos los niños necesitan hacer cuadernos de vacaciones ni mantener una rutina académica similar a la del curso.

Antes de decidir qué hacer, conviene preguntarse qué necesita realmente ese niño. En algunos casos será útil mantener un pequeño hábito de lectura o realizar alguna actividad concreta. En otros, lo más importante será recuperar la confianza, disfrutar y reducir el nivel de estrés acumulado.

El objetivo no debería ser adelantar contenidos, sino mantener el vínculo con el aprendizaje de una forma más natural.


Aprender también ocurre fuera del colegio

Los aprendizajes más importantes no siempre ocurren sentados frente a un cuaderno. Durante el verano, muchas experiencias cotidianas ofrecen oportunidades valiosas para seguir desarrollando habilidades cognitivas y emocionales de forma espontánea.

Familia jugando a un juego de mesa durante el verano para favorecer el aprendizaje y las funciones ejecutivas.
Los juegos de mesa son una excelente oportunidad para estimular la atención, la memoria, el razonamiento y otras habilidades mientras se disfruta en familia.

Un ejemplo son los juegos de mesa. Además de ser un momento de encuentro en familia, permiten observar cómo un niño comprende reglas, espera su turno, planifica una estrategia, cambia de idea cuando algo no funciona, recuerda información o controla la impulsividad. En una misma partida se ponen en juego funciones ejecutivas, lenguaje, memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva, razonamiento y velocidad de procesamiento, entre muchas otras habilidades.

Lo mismo ocurre al cocinar juntos, preparar una excursión, organizar una maleta o seguir una receta. Son situaciones cotidianas que favorecen el aprendizaje sin reproducir el formato escolar y, al mismo tiempo, permiten a las familias observar con más calma cómo se desenvuelve su hijo en diferentes contextos.


Cuando el verano puede ser una oportunidad

Si durante el curso han aparecido dudas sobre el aprendizaje, el verano también puede servir para observar con más calma cómo se desenvuelve el niño en situaciones cotidianas.

A veces es precisamente fuera del colegio donde se hacen más visibles algunas fortalezas y dificultades.

También puede ser un buen momento para realizar una valoración psicopedagógica o resolver aquellas preguntas que durante el curso quedaron pendientes por falta de tiempo. Si todavía tienes dudas sobre si merece la pena consultar durante las vacaciones o esperar al inicio del curso, en este otro artículo profundizo sobre esa decisión.


Pensar en septiembre sin adelantar septiembre

Las últimas semanas de agosto pueden aprovecharse para recuperar poco a poco algunos hábitos, organizar horarios o preparar el material escolar.

Sin embargo, durante julio y buena parte de agosto no suele ser necesario convertir las vacaciones en un nuevo trimestre.

El descanso, el juego y las experiencias compartidas también forman parte del aprendizaje.



Cada niño necesita un verano diferente.

Más que intentar llenar todos los días de actividades académicas, suele ser más útil preguntarse qué necesita para volver al colegio con mayor seguridad, autonomía y confianza.

Cuando existen dudas sobre el aprendizaje, comprender qué está ocurriendo es mucho más eficaz que exigir un esfuerzo cada vez mayor.

 
 
 

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