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Vuelta al colegio: cómo preparar septiembre sin aumentar la ansiedad

Valeria Suárez Prioriello - Lic. en Psicopedagogía - Hortaleza, Madrid


A medida que avanza agosto, ocurre un fenómeno invisible en muchas casas. No hace falta que abramos las mochilas ni que compremos el primer libreto de actividades; basta con que las tardes empiecen a acortarse ligeramente para que el fantasma de septiembre se instale en la mesa familiar. Para los niños que han tenido un curso complejo, y para sus padres, el final de las vacaciones no solo marca el cambio de rutina: despierta una mezcla de anticipación, tensión y preocupación por lo que vendrá.

Es completamente humano querer adelantarse. La reacción inmediata de muchas familias preocupadas es intentar "ganar terreno" en las últimas semanas de verano. Aparecen los cuadernos de repaso de última hora, los intentos precipitados de fijar horarios estrictos a mitad de agosto o las conversaciones constantes sobre lo mucho que habrá que esforzarse este año. Sin embargo, cuando la preparación se enfoca desde la prisa o la exigencia, suele generar el efecto contrario: aumenta la resistencia del niño y eleva la temperatura emocional en casa antes de empezar.


Preparar septiembre no consiste en volver a estudiar en agosto

Existe una idea muy arraigada de que para iniciar bien las clases hay que llegar con la lección repasada. Sin embargo, saturar los últimos días de descanso con tareas académicas pesadas solo consigue asociar el inicio de las clases con el cansancio y la frustración.

Si un alumno ha experimentado dificultades de aprendizaje o un rendimiento frustrante el año anterior, lo que necesita al final del verano no es una maratón de deberes. Necesita llegar al primer día de clase con el depósito emocional lleno, con sensación de competencia y con la mente despejada. El verdadero trabajo de preparación en agosto no es académico, sino de regulación, hábitos progresivos y ambiente familiar.


Qué podemos hacer desde casa en las últimas semanas de verano

Para que la transición sea suave, conviene cambiar la prisa por la anticipación tranquila. No se trata de imponer un régimen de estudio de un día para otro, sino de reajustar el entorno poco a poco.

Tres niñas sentadas de espaldas en el césped, mirando hacia un espacio abierto durante la tarde.
Preparar el nuevo curso no es correr antes de tiempo, sino ofrecer la tranquilidad necesaria para dar los primeros pasos.

  • Ajustar los ritmos sin dramatismo: Modificar las horas de irse a dormir y de levantarse de diez en diez minutos durante la última quincena es mucho más efectivo que un cambio drástico el día anterior a empezar.

  • Acompañar en la organización de los espacios: Preparar el lugar de trabajo no para "empezar a empollar", sino para que sienta que tiene un espacio propio, ordenado y cómodo donde desenvolverse.

  • Fomentar la autonomía cotidiana: Dejar que asuma pequeñas responsabilidades diarias (ayudar a organizar la compra, preparar su ropa o colaborar en la cocina) refuerza sus funciones ejecutivas y su seguridad personal mucho más que una hoja de sumas o análisis sintáctico.


Cómo hablar del nuevo curso sin generar alerta

Las palabras que usamos estos días moldean la predisposición con la que cruzarán la puerta del colegio. Frases como "este año hay que ponerse las pilas desde el primer día" o "ya verás lo difícil que va a ser este curso" solo consiguen activar una respuesta de amenaza.

En su lugar, ayuda mucho transmitir una mirada de curiosidad y apoyo. Preguntarles qué compañeros tienen ganas de ver, qué actividades les apetecen o simplemente validar sus dudas ("es normal que sientas algo de nervios, a todos nos pasa al cambiar de rutina") les permite saber que no están solos frente al reto.


Cuando las dudas vienen de más atrás

A veces, el malestar ante la vuelta al cole no es solo los nervios habituales por el cambio de rutina, sino el reflejo de dificultades no resueltas durante el curso anterior. Si el año pasado cerró con dudas sobre su ritmo de aprendizaje, su nivel de atención o su manera de organizarse, arrastrar esa incertidumbre suele ser la principal fuente de ansiedad para todos.

Si sientes que la preocupación familiar supera lo esperable o que el curso pasado dejó interrogantes abiertos, no hace falta esperar a que surjan los primeros tropiezos para buscar respuestas. Conocer con claridad cómo aprende tu hijo y qué apoyos específicos necesita es el primer paso para que afrontes el nuevo curso con calma y criterios claros.


Si quieres enfocar este inicio de curso con tranquilidad y resolver las dudas que quedaron pendientes del año pasado, puedes ponerte en contacto conmigo para valorar juntos la situación y trazar una hoja de ruta adaptada a tu hijo.

 
 
 

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